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Te Cuento... Blanca Domínguez -  La Belleza Del Baúl

La Belleza del Baúl

Te Cuento... Blanca Domínguez -  La Belleza Del BaúlEs increíble como, entre más traté de contener la risa nerviosa causada al verme descubierta de mi travesura, esta se volvió aún más notoria y me delaté ante los que ni siquiera se imaginaban que pasaba algo raro en la habitación de la abuela...

Ahí esta de nuevo, ese pequeño baúl de madera laqueada, es ¡precioso!, es negro y con unas flores de colores tan vivos, que parece, que si te acercabas lo suficiente olerías el perfume de esas flores; para mi, lo que lo hace más especial es que está pintado con los dedos, es único ya que nadie puede hacer otro igual, porque cada persona tiene huellas digitales diferentes, y quedan en cada artesanía como firma indeleble de quién fue el artista que lo pintó.

De niña, siempre me habría gustado que me dejaran hacer algo así, llenarme las manos de pintura y usarlas para colorear las paredes de mi casa por ejemplo, pero eso era pedir demasiado.

Bueno pero tan hermoso era este baúl como torturante; guardaba “algo”, era tan secreto que aún sin tener una llave que impidiera ser abierto todos sabíamos que el estar en la repisa más alta era una clara advertencia de mi abuela de: “No se toca”.

Aunque nada podía salir mal, ya que lo ideé por años, era el ¡plan perfecto! De una vez por todas sabría que guardaba ella ahí adentro, sólo tenía que esperar a que mi ¡abuelita! que se negaba siempre a mostrármelo se durmiera.

Entré sigilosamente en la recámara y como ya no necesitaba una silla para alcanzar la repisa sería aún más silenciosa, tome la cajita y sentí como si alguien me estuviera observando, eso era imposible no había nadie más, solo ella y yo, de pronto casi me arrepiento al tenerla en mis manos; le sacudí el polvo y pensé, ahora mis huellas también están aquí junto con las del pintor, cualquiera podría saber que yo la abrí, y eso me causó miedo, pero había llegado tan lejos ¿cómo detenerme ahora?, tome aire y sin pensarlo nuevamente simplemente la abrí....

Ja, ja, ja, ¡No puede ser!, mi risa me esta delatando, traté de calmarme pero nada, cada vez más y más risa, hasta que todos mis hermanos entraron en la recámara y ahí estaba yo, con el baúl en las manos, roja de vergüenza y de risa... entonces frente a todos saque un papel del fondo que decía TE AMO, TU ABUELA.

Ella se acercó me abrazó y me dijo: _ ¡por fin ya sabes mi secreto!, y ahora te contaré otro, todos los que están en esta habitación han hecho lo mismo que tú, entonces nos abrazamos los cinco y nos reímos tanto que aún recuerdo que fue uno de los días más felices de mi vida...

Por: Blanca Domínguez

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