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Te Cuento... Blanca Domínguez Mota - La Herencia del Flautista

La Herencia del Flautista

Mi hermano y yo somos gemelos, y según el día en que nacimos nos dieron a cada uno nuestro nombre. El nombre de mi hermano es  Kan Imix Che y el mío es Zac Imix Che. Cuando el Chamán le dijo a nuestros padres el destino escrito en los astros para nosotros; lo recibieron con mucha alegría, porque ambos seríamos grandes músicos, así es que cuando tuvimos edad adecuada empezamos nuestra instrucción artística.

No te lo he dicho pero en mi familia hay muchos músicos importantes y nosotros continuaremos la tradición musical, ennobleciendo el alto nombre del Abuelo que desde niño fue llamado para ser músico real, por su gran talento.

Mi abuelo tocaba la flauta  como inspirado por los dioses, él tenía una bella flauta de caoba (que es nuestro árbol sagrado), decorada con un par de monos que representaban a los gemelos quichés llamados Hun Batz y Hun Chouén. que eran invocados por músicos y bailarines para atraer la inspiración.

Mi abuelo nos contó la historia de porque los pintaban como monos en las flautas y dice que; éstos gemelos estaban tan llenos de soberbia, además de que maltrataban a sus otros hermanos gemelos, que recibieron un castigo ejemplar; fueron convertidos en monos por sus propios hermanos.

Ayer le pedimos que nos regalara su valiosa flauta y nos contestó: _Esta flauta siempre le pertenecería al mejor flautista...

Al paso del tiempo surgió un problema, el Abuelo, sólo poseía una flauta; ¡pero nosotros éramos dos! y desde que supimos que sería para el mejor, ambos nos hemos esforzado por serlo, llegamos hasta a hacernos trampas el uno al otro para ganar.

Un día mi Abuelo harto de nuestro comportamiento nos llamó a su lecho y nos recordó la historia de los gemelos. Entendimos que nosotros igualmente estábamos llenos de soberbia, por creernos mejor uno que el otro; también nos dimos cuenta de la forma indecorosa de tratar de obtener el premio, por medio de trampas y maltrato entre nosotros. Esa fue la última vez que hablamos con él...

Llenos de vergüenza decidimos dejar las guasas y comportarnos como nuestro Abuelo nos había enseñado, con dignidad y respeto a todos nuestros hermanos, siempre conservando la armonía con los demás y entendimos que de nada sirve un premio si fue ganado indecorosamente.

Mi hermano y yo nunca obtuvimos el premio ya que el Abuelo, emprendió el viaje (al Valle de Sombras) acompañado de su valiosa flauta pero nos dejó la enseñanza para toda la vida y entonces aprendimos algo más: Una vida decorosa es el premio...

Por: Blanca Domínguez

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