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Te cuento - Gregorio M. Vázquez Canché - Las Leñadoras - De: Gregorio M. Vázquez Canché - Las Leñadores

Las Leñadoras

De: Gregorio M. Vázquez Canché

En un pintoresco pueblo de la hermosa tierra del mayab, cuentan que vivieron dos mujeres que les gustaba ir a cortar leñar en el monte. Una mañana soleada y con la fragancia que regala la brisa del campo, rumbo al pozo del centro del pueblo, como todos los días, iban doña Dolores y doña Cristina a llenar agua fresca y se entretuvieron  platicando cosas de mujeres, a cada juego de palabras que hacían se escuchaba a lo lejos sus carcajadas, y entre sus muchas alegres pláticas, se pusieron de acuerdo para que al día siguiente se fueran a leñar…

-Fíjate, doña Cris, ¿Qué tal si vamos a leñar mañana?
-Esta bien, doña Dolores, tempranito paso por ti y nos vamos.

Pero, en aquellos tiempos, como hasta hoy, es malo decir –Yo te paso a buscar o paso por ti- porque los seres malignos y los malos espíritus que se esconden debajo de las piedras, detrás de los troncos o en los huecos de los árboles, en la profundidad de los pozos o en los cuerpos de las lagartijas y del pájaro takay pueden escuchar y hacer el mal a las personas… Doña Dolores y doña Cristina llenaron sus cantaros con el agua fresca del pozo y retomaron el camino rumbo a sus casas entre una nube de mariposas multicolores y perfumadas flores de primavera… Al día siguiente, no había amanecido muy bien, y dona Dolores escucho a gritos su nombre…

-¡Ix Doool vamooos!, ¡Ix Doool vamooos!, ¡Levántate señora, apresúrate, ya viene aclarando, vamos!

-¡Vamos Ix Cris, espérame!

Contesto doña Dolores, y saltando de su hamaca, agarro su coa, sogas, su calabazo con agua, se su puso rebozo, y salio para irse con la que creía que era doña Cristina…

- ¡¡Eyaj!! ¡¡Ix Cristina, mira que oscuro está!!
- No le hace Ix Dolores. ¿Acaso tienes miedo?
- No es eso, solo que no veo el camino.
- Aquí tienes un pedazo de vela, enciéndelo, pasa adelante y alumbra el camino… ¡Apresúrate! Así no se nos hará tarde cuando regresemos.
- Eso es verdad, vamos.

Cuando eso, ya estaban ya en el cabo de la salida del pueblo, se internaron en el monte, y empezaron a caminar rápidamente, solo el canto de los grillos, el silbar y aletear del pájaro tapa caminos y unas cuantas luciérnagas acompañaban su andar en la oscuridad del camino… Ya habían caminado un buen rato, cuando doña Dolores le dijo a la que creía que era doña Cristina…

- ¡¡Ay ix Cris!! ¡¡Mira que no amanece ja, aun hay estrellas en el cielo!!
- ¡¡Ándale ix Dolores, camina!! Ya mero llegamos a donde leñaremos, solo porque esta medio nublado no ha aclarado.

Tal vez es cierto, dijo doña Dolores, y seguían caminando, poco a poco se iban internando en la profundidad del bosque… Las sombras de los árboles corrían por delante o por detrás de ellas, como fantasmas que querían devorarlas o jugar un pesca, pesca con ella... Al rato, doña Dolores de nueva cuenta le dice a la que pensaba que era doña Cristina... 

- ¡¡Ix Cris, ya se me acabo la vela!! Creo que tenemos que descansar para esperar a que amanezca.
- Bueno, esta bien, pero solo u momentito.

Y buscaron un lugar a la orilla del camino donde había una gran laja de piedra y se acostaron a esperar a que amanezca… no se tardaron nada y en un momento se durmieron… Lo frió del sereno de la mañana que goteo en la frente de doña Dolores la hizo abrir los ojos y miro que con trabajo venía aclarando… entonces, muy despacito alargo la mano hacia el cuerpo de la que creía que era doña Cristina, pensaba despertarla, y sintió que solamente toscos cabellos tocaba… enseguida sintió como si le echaran agua fría en el cuerpo, empezó a erizarse todita, poco a poco volteo la mirada hacia donde estaba acostada la que creía que era doña Cristina… Incrédula miraba una cosa muy fea, era un ser muy feo, lleno de pelos en todo el cuerpo, con los cabellos revueltos, los ojos rojos como si fueran dos brazas de fuego, tenía la nariz grande, y los colmillos saltándoles de la boca, con los ojos abiertos roncaba a medias... Entonces, doña Dolores, muerta de miedo, se incorporo despacito y sin atinar cual camino tomar, arranco a correr, el ruido de su carrera despertó a aquel ser muy feo que se levanto, corriendo tras ella, gritándole -¡¡ix Doool!!- corría tras ella…

- ¡¡Espérame ramera!! ¡¡Espérame ramera!!… ¡¡Párate hija del demonio!! ¡¡Párate hija del demonio!!

Le gritaba a doña Dolores ese ser maligno… Doña Dolores estaba concentrada en su carrera, corría, corría y corría, ya merito la alcanzaban, cuando de pronto se le apareció como por milagro una santa milpa, y apresurada salto la cerca cayendo adentro, allí junto a la cerca se acurrucó, le saltaba el corazón de tanto miedo, con trabajo y si podía hablar, con trabajo rezaba llorando, pues no sabía lo que le iba a pasar, se sabía muerta, pensaba que la iban a devorar… Entre su miedo y la desesperación volteo la mirada y enseguida vio la calavera de un perro muerto, abrazándola rápidamente y le empezó a rogar… -¡¡Ayúdame animalito!! ¡¡Ayúdame santo animalito!!... y en ese momento asomo la cabeza ese ser maligno sobre la cerca de la milpa, justo arriba de donde se encontraba doña Dolores gimiendo y llorando, le escurría la baba de su boca, el fuego de sus ojos la fulminaban cuando dijo con voz tenebrosa…

-¡¡Esta bien ramera, mala hija del demonio!!
-¡¡Solamente por ese perro animal sigues viva maldita!!

Habiendo dicho aquello, el ser malo y feo salto de la cerca y se perdió en el monte, que hasta a lo lejos se escuchaba como rompiendo las ramas de los… y, todo   quedo en silencio, solamente los latidos del corazón y los gemidos de doña Dolores se escuchaba. De pronto, con terror sintió que alguien le tocaba la cabeza… era el dueño de la milpa, doña dolores sintió que volvía a la vida o que despertaba de una horrible pesadilla, fue cuando pudo escuchar el canto de los pájaros y ver la claridad el día, había amanecido ya… el dueño de la milpa le ayudo a incorporarse, le enseño el camino y empezó a regresar al pueblo, aun se tenía abrazada de la calavera del perro, cubriéndose la cara con su rebozo y cabizbaja llego a su casa, a nadie le contó nada.… Aquella mañana, doña Cristina se había cansado de llamar a doña Dolores para que se vayan a leñar y al no obtener respuesta, se regresó a dormir a su casa… Al día siguiente, se volvieron a ver… y doña Dolores dijo que se había dormido, y  por eso no había escuchado los llamados de doña Cristina para acompañarla a leñar...

Por eso, si te va a acompañar otra persona al monte, a la milpa, a trabajar o a donde sea, abusado o abusada, no le vayas a decir, o que te diga –mañana paso por ti- porque los seres malignos y los malos espíritus, andan por ahí sueltos, lo pueden escuchar y hacer el mal.

Por eso, el santo perro es el animal de las deidades de la lluvia, puede ver y ahuyentar a los malos espíritus y es el amigo del hombre…

¡¡¡Cuidemos la tradición oral de nuestros pueblos mayas!!!

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