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Te cuento - Luis Alberto Arellano - Mundo Lento

Mundo lento

Por: Luis Alberto Arellano

Escrito con ceniza
El hombre que duerme hace dos años
en el parque frente a mi casa
me ha dicho que mis poemas
le transmiten mensajes cifrados
desde un planeta más allá
de Alfa Centauro

me ha pedido que pare
que detenga mis ganas de joder
y que ya nada le diga de los genios
que habitarán la tierra dentro de mil años

Que me guarde las coordenadas precisas
de la abducción
y otras minucias siderales que a nadie convienen

Que no le recuerde lo que ha visto con horror
con ganas de volver las entrañas

Que me calle
que no escriba
que no dé la razón a los ángeles
de tristes alas que le recitan el código civil
en vocales muy cortas todas las tardes

Yo lo miro y tiemblo de pies a cabeza
como un pez fuera del agua
que empieza a boquear con resistencia
y se deja ir lentamente
hacia la muerte

Le he dicho que sí
que nunca más
que esto no puede seguir
que también a mí me resulta insoportable

Así que estas líneas
no tienen ningún mensaje oculto
ni nada que se le parezca
aunque haya quien /lleno de esperanza/
afirme lo contrario.

 

Escrito en el aire
A Brenda Mariana
No eres tú en la ceniza
Que lanzaron tus padres
A la fría hoguera
Apenas sucedido el parto.

No eras tú en la voz
Ni en el nombre
Que cubren tus huesos
Y volumen dan a tu carne.

No eres oscura en la sombra
Que te persigue incansable
Ni dibujada en los dedos cansados
Que acarician tu cabello cuando callas.

Por tanto llamaré lluvia
a la luz en tus pupilas
viento al talle de tu cuello
ceniza a los pliegues de tu vientre

Llamaré sangre mía
a los límites de tu pecho
roca a la sal de tus labios
entrega pura a tu mirada

Y cuando todo cambie
cuando todo se derrumbe
llamaré desierto a tu voz
fuego a los pies descalzos

Y limo eterno a mi cuerpo en reposo
que mirará fugitivo tu cadera
Para que nada cambie
para que nada suceda

Será ciudad la línea de tus dedos
y el reverso de tus manos
suerte echada lo que dicen tus dientes
pero no cardo negro lo que callas cuando amas

Eres tú en mis pupilas
Donde tu cuerpo desanuda
Tus ropas olorosas al raudo grito.

 

Escrito en el aire
Tú sabías que la vida no está hecha para compartirse
y de cualquier modo, te instalaste redonda en mi carne.
Amaneciste vulgar y pura, como hembra de los parques,
entre la ceniza de mi diapasón férrico y aéreo.
La noche es larga, y fría como la noche sólo sabe,
dijiste. Yo sonreí, porque como excusa no valía
lo que tu vuelo contra el mío.
Tampoco quise saber si las mentiras se dicen solo una vez
o saben mejor a la quinta repetición.
Tan solo estaba, tan sólo esperaba que Dios volviera
su rostro de agua y me dijera, por fin, si la albura
de los días agotaba el paso telúrico de la sangre
en mis oídos, o si la esbelta aparición del unicornio
entre mis parietales significaba la resignación
a las píldoras de colores.
Tú sabías que nada lograba mi pesada voz
en auxilio de tus muslos, ahí donde la página es más suave,
pero decidida a todo, todo lo que la carne puede,
te instalaste a lo largo de mi sonrisa.
Y aquí estamos, cumpliendo la esperanza:
el peor de los males.
Mientras, el sol encuentra una mejor ocupación
que devorar el rocío que crece mineral
encima de los sauces.

 

Escrito en el polvo
Gritar es digno
Joan Brossa
A R.L.
Al fondo de las mesas me mira una niña que está por  cumplir los veinte
Es viernes y el lugar está lleno, de boca en boca corre el licor
y el humo congelado en el aire
Pero al fondo de todo esto brilla una niña
La miro sonreír y mi mujer me atrapa en el arrebato
La niña tiene la belleza a media piel de la que será fémina
en la redondez exacta de sus formas, y lo sabe
Tiene el contorno preciso que levanta las miradas a su paso
y que se sorprende, todavía,  de ser la deseada
Y me mira en el ardor de los iniciados
Yo seré cómplice permanente de sus ojos
que serán ojos en otro rostro, y en otro que aún no nace
Me llamarán de mil modos, en mil maneras infames
pero seré la otra parte de la belleza incompleta:
el sucio espectador que descifra la voz del dios de las pequeñas cosas
como el perverso que ama la cerradura y no el cuerpo que se desnuda,
las manos y no la caricia, el rouge  y nunca el beso
Me llamará su sonrisa, así se esconda en otros dientes

Y la serena certeza de la muerte.

Cuentos

Fabula dDel Minotauro Y La Doncella
La Lengua de La Mariposa
Mundo lento
Por mor de la serpiente o Nuevo Tratado de los simples
La Sed

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