Al visitar el Estado de Chiapas hay que predisponer todos los sentidos. Dejarse invadir no sólo por sus colores intensos, también por los sonidos de las aves selváticas, el murmullo de las hojas de los árboles que danzan en armonía. Dejar a la piel estremecerse libremente cuando percibes el aroma a incienso y a madera quemada.
Caminando por Palenque los artesanos ofrecen sus creaciones. Desde textiles maravillosamente bordados, talabartería, cerámica, madera, hasta la cautivante piedra de origen vegetal conocida como ambar.
El ambar es el resultado del endurecimiento de la resina que produce el Hymenaea courbaril, para protegerse de cualquier agente agresor.
Al ser atacado, el cuapinol exuda una goma ambarina que se desliza por la corteza llevando a su paso algunos insectos, basurita, aire entre residuos de otros animales que intentan alimentarse de su fruto, y que al paso del tiempo, se fosilizan y conservan por miles de años. Siendo éstos, y el exquisito color que los encierra parte del atractivo visual y motivo de investigaciones científicas.
A pesar de no ser considerada como un mineral, por su origen orgánico, el ambar es reconocido como una piedra preciosa o semipreciosa. La valuación de una pieza, se determina por el tamaño, tipo de partícula o espécimen que se encuentra momificado, su visibilidad, y por supuesto los matices de color.
Entre estás propiedades estéticas y conservantes, también se le atribuyen cualidades curativas, protectoras y el simple hecho de respirar su sahumerio puede ser un excelente tranquilizante.
Por: Ma.Angelica Peralta Saucedo
Adaptación: Yadira Aguiar